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El estrés ¿factor de riesgo cardiovascular?

Aunque no hay estudios definitivos que certifiquen que el estrés es un factor de riesgo cardíaco, la práctica médica lo evidencia cada vez más: cuanto más estrés tiene una persona, más riesgo de padecer un accidente vascular.

El Dr. Cesáreo Fernández Alonso, en el “Libro de la Salud Cardiovascular del Hospital Clínico San Carlos y la Fundación BBVA”, señala que «el estrés debe considerarse un nuevo factor de riesgo de enfermedad cardiovascular», ya que los otros factores no han conseguido explicar por completo estas enfermedades.

Para el Texas Heart Institute, los factores de riesgo cardiovascular se dividen en dos grupos:

– Principales: riesgo comprobado (hipertensión arterial, colesterol elevado…)

– Contribuyentes: su papel exacto no ha sido definido: hormonas sexuales, anticonceptivos orales, estrés.

El estrés es el que tiene un mayor impacto en nuestras vidas.

El nivel de consumo de ansiolíticos se ha disparado en la última década en España, superando la media de consumo de los países europeos (último informe de la Agencia Española del Medicamento). 

Todavía no se han demostrado los efectos del estrés emocional, de los hábitos y del estado socioeconómico en el riesgo de padecer una enfermedad del corazón o un ataque cardíaco.

Resulta complejo, y como señala el cardiólogo Alberto Cordero, del Hospital San Juan, de Alicante, «todos nos enfrentamos al estrés de maneras diferentes. Cuánto y cómo nos afecta el estrés depende de cada uno de nosotros».

El estrés debería abordarse, a juicio del Dr. Césareo Fernández Alonso, desde la esfera personal y la social, y debe implicar al cardiólogo, enfermeros, psicólogos y nutricionistas.

El tratamiento incluye medidas farmacológicas y, sobre todo, no farmacológicas.

Si el objetivo es mejorar la calidad de vida mediante medidas no farmacológicas:

– Ejercicio físico. Se trata de llevar una vida activa. Adecuado para controlar el estrés, y evitar otros factores de riesgo cardiovascular, como la obesidad, la hipertensión arterial, el colesterol alto.. Para pacientes no entrenados o con factores de riesgo cardiovascular se recomienda la natación, la bicicleta o la marcha, que ejercitan amplios grupos musculares durante largos periodos de tiempo.

– Alimentación. Es fundamental llevar una dieta equilibrada rica en verduras, frutas y fibra, y baja en grasas y azúcares. El tabaco, el café y el alcohol deben limitarse, puesto que potencian el estrés.

– Sueño suficiente. Para la renovación celular es preciso dormir no menos de 7 horas al día. El estrés es la primera causa de insomnio o de mala calidad del sueño. Existen multitud de opciones para mejorar su calidad, como la suplementación, estiramientos, leer, escribir…

– Psicoterapia: técnicas de relajación, respiración y meditación. Los beneficios de técnicas como el yoga, el taichí o el pilates, cada vez son más reconocidos, ya que han demostrado su utilidad para reducir el estrés y mejorar la presión arterial, la circulación y el sistema inmunológico.

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